La hipocresía occidental en Oriente

06.03.2026

En el debate público occidental sobre el conflicto en Oriente Próximo se ha instalado una jerarquía de vidas que resulta tan inmoral como peligrosa. La muerte de un civil israelí provocaba, y con razón, portadas, declaraciones solemnes y minutos de silencio, mientras que en la actualidad cientos y miles de palestinos en Gaza, o de civiles en Irán y Líbano, apenas ocupa unos segundos de indignación en los informativos o una nota al pie en los comunicados oficiales. No se trata de negar el dolor de las familias israelíes, sino de denunciar que ese dolor se considere más digno de duelo, más visible y más políticamente útil que el de las demás vícti 

Esta asimetría se alimenta de décadas de relatos mediáticos y alianzas geopolíticas que presentan a unos como plenamente humanos y a otros como daños colaterales inevitables. Cuando un cohete mata a israelíes, se habla de terrorismo y barbarie; cuando un bombardeo arrasa barrios enteros en Gaza o golpea ciudades en Líbano o Siria, se recurre al lenguaje técnico de la "seguridad" y la "legítima defensa", y lo más desesperante que he escuchado "Se lo merecen, se lo han buscado". El resultado es una anestesia moral: la opinión pública se acostumbra a contar muertos palestinos, iraníes o libaneses por centenas sin que ello cuestione el marco político que lo hace posible.

Equiparar las muertes no significa borrar contextos ni responsabilidades, sino recordar un principio básico: toda vida civil vale lo mismo, independientemente del pasaporte, la religión o la narrativa que la envuelva. Mientras gobiernos, medios y élites intelectuales sigan rasgándose las vestiduras por cada víctima israelí y aceptando como normal la masacre sistemática del otro, la palabra "derechos humanos" será poco más que un eslogan vacío. Romper esta hipocresía exige nombrar a todas las víctimas, exigir cuentas a todos los actores y negarse a participar en una contabilidad moral que convierte a unos muertos en tragedia y a otros en simple estadística.

Lo más indignante es asumir y justificar que el pueblo israelí mate y se le aplauda en Eurovisón por una acción deleznable e injustificable de Hamas que provoca unos miles de muertos y unos cientos de retenidos, y con eso estemos justificando el holocausto palestino y libanes.

Es verdaderamente admirable la elasticidad moral de Alemania que, tras protagonizar algunas de las mayores atrocidades del siglo pasado, hoy bosteza con absoluta tranquilidad mientras se repite el cuento de siempre. La indignación, al parecer, tiene fecha de caducidad… y la memoria histórica, una notable tendencia a la amnesia selectiva.

Todo se vuelve sorprendentemente aceptable cuando se invoca una voluntad superior, un designio eterno o una promesa escrita en algún lugar entre el mito y la conveniencia. La fórmula es vieja, eficaz y peligrosamente cómoda: si lo respalda lo "sagrado", entonces no hace falta pensar demasiado. Pensar, de hecho, estorba.

Y aquí es donde Nietzsche empieza a incomodar de verdad. Porque si el conocimiento mata a dios, no es por maldad, sino por pura incompatibilidad. La razón no necesita mártires metafísicos ni excusas celestiales para entender que usar lo divino como salvoconducto moral es, en el mejor de los casos, pereza intelectual; en el peor, una coartada perfectamente lubricada.

Tal vez por eso la idea de dios resulta tan útil: lo explica todo, lo perdona todo y, sobre todo, libera de responsabilidad. Cuando el pensamiento crítico entra en escena, el justificador supremo pierde su empleo… y las conciencias, su refugio favorito.

Yo creo que estamos justificando algo peor. Que uno por no ir a la cárcel mate y dejar de ser primer ministro, , mate; y otro que estando condenado y apareciendo en los papeles de Jeffrey Epstein, Trump, apruebe la matanza y colabore. ¡¡¡INDIGNANTE!!!

Creo que estamos justificando algo todavía más grave: que un dirigente, para evitar consecuencias judiciales y políticas, permita o impulse la muerte de civiles, Netanyahu; y que otro, pese a estar rodeado de condenas y escándalos ampliamente documentados en la prensa, Trump, avale esa matanza y colabore con ella. No es una cuestión de bandos ni de fe: es la normalización del crimen desde el poder.

¡¡¡INDIGNANTE!!!

nandoLARA

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