Publicar un libro sin vender el alma

09.01.2026

Publicar un libro debería ser un acto cultural. Hoy es, en demasiados casos, un acto de fe… o de ingenuidad.

Tras intentar que una editorial tradicional se interesara por mi obra, las únicas respuestas que recibí no vinieron del mundo editorial, sino del mundo de la autoedición disfrazada de oportunidad. El modelo era siempre el mismo: yo pagaba la primera tirada, cedía derechos de autor, y si el libro tenía éxito, la editorial se quedaba la producción; si no, el fracaso era exclusivamente mío. Socializar beneficios, privatizar pérdidas. Un clásico.Curiosamente, todas ellas coincidían en algo: mi obra tenía "muy buenas críticas". Nunca supe si esas alabanzas respondían a una lectura honesta o a un pequeño negocio basado en convencer al autor de que invierta unos miles de euros en su propio espejismo. Preferí no averiguarlo. Dije no.

Decidí publicar por mi cuenta. Plataformas como Club de Autores imprimen y distribuyen bajo demanda y permiten al autor fijar su royalty. El problema no es el porcentaje, es la visibilidad: no venden casi nada. La edición cuesta 17,90 €, un precio elevado para un autor desconocido.

En Amazon Kindle Direct Publishing la situación no mejora: una edición de menor calidad, un precio aún más alto (23,90 €) y una remuneración para el autor que roza lo simbólico. El lector paga caro; el autor cobra poco; la plataforma gana siempre.
También probé la vía más artesanal: editar e imprimir por mi cuenta. Cuantos más ejemplares imprimes, más barato sale cada uno… si los vendes. Si no, te los comes con papas. Tengo 200. Los vendo a 12,90 €, la mitad que Amazon, con mayor beneficio por unidad. Pero vender sin intermediarios es remar contra corriente.

He intentado llevarlos a librerías. La respuesta es casi unánime: "Si no viene por editorial, no lo queremos". Las papelerías son menos exquisitas: aceptan los libros, pero los esconden. Literalmente. Sin editorial no existes.

Mi libro está disponible en mi web www.nandolara.es/libro. Funciona por pedido. Pero como no me conoce nadie, vendo muy poco. El talento, si no tiene padrino, no circula.Todo esto no es una anécdota personal: es un sistema. Un sistema editorial que funciona como un oligopolio, donde unos pocos deciden qué existe y qué no, y donde el riesgo se traslada cada vez más al autor mientras el control permanece en las mismas manos. O te malvendes, o te invisibilizan.

La ironía es que nunca se ha publicado tanto ni tan fácil. Y, sin embargo, nunca ha sido tan difícil vivir de escribir, ni siquiera existir como autor fuera del circuito bendecido.
No se trata de demonizar a todas las editoriales, sino de dejar de romantizar un modelo que ya no protege ni al creador ni al lector. Si la cultura se gestiona como una trampa comercial, acabará produciendo lo mismo que cualquier trampa: desconfianza, mediocridad y silencio.

Y eso, para un país que presume de literatura, es bastante triste. 


nandoLARA